Reseña: ‘La chica salvaje’, una brillante oda a la naturaleza



Título: La chica salvaje
Autora: Delia Owens
Traductor: Lorenzo F. Díaz
Editorial: Ático de los Libros
Páginas: 384
Fecha de publicación: octubre, 2019
Sinopsis: Durante años, los rumores de la existencia de la Chica Salvaje han perturbado la vida de la pequeña localidad de Barkley Cove, un tranquilo pueblo de pescadores en Carolina del Norte. Abandonada a los seis años, Kya es una joven sensible, inteligente y de una belleza insólita que ha sobrevivido en soledad en las marismas, con la naturaleza como única amiga. Es una superviviente nata. Su solitaria vida se complica cuando un hombre aparece asesinado en el pantano y la acusan del crimen. Entonces, todos sus misterios saldrán a la luz.

Desde que supe que Taylor Swift formaría parte de la banda sonora de la película de La chica salvaje, supe que tenía que darle una oportunidad a la obra en la que se basaba. Lo que ocurrió fue algo muy distinto a lo esperado: la novela fue la que acabó dándome una oportunidad a mí. Y no creo que exista algo más mágico que eso cuando alguien se sumerge en una nueva historia. 

En realidad, La chica salvaje es un consorcio de bellas imágenes que da lugar a uno de los debuts más brillantes con los que me he topado jamás. Lo que Delia Owens consigue con este libro es simplemente maravilloso. No solo porque logra convertir la obra en una perfecta oda a la naturaleza, sino porque lo hace sacando a la luz cada una de las fortalezas y debilidades que caracterizan al ser humano. Al ritmo de quien recita un poema olvidado en la página de un cuaderno antiguo, la novela se abre paso a mar abierto y no se detiene hasta llegar a su destino.

La obra nos presenta a Kya, una joven que es criada en las marismas de un pequeño pueblo de Carolina del Norte. O que, al menos, es criada hasta la edad de seis años. Mientras tanto, ha de ver cómo su familia empieza a abandonarla hasta dejarla sola en los peligrosos pantanos. Con la marcha de su madre y la posterior huida de sus hermanos a consecuencia de su abusivo padre, tan solo cuenta con una cabaña donde refugiarse y el recuerdo de las personas que alguna vez le dieron cariño. Es entonces cuando Kya tiene que valerse por sí misma para salir adelante sin esperar la ayuda de nadie. Ante la soledad, la naturaleza es capaz de cicatrizar las heridas que ahondan en lo más profundo del corazón de la muchacha. Y esta hace un ejercicio magnífico de resiliencia convirtiéndola en su mejor compañera.

Sin embargo, la conocida como “chica salvaje” también ha de lidiar con los rumores que en el pueblo circulan sobre ella. Las palabras y las miradas empiezan a actuar como cuchillos y a Kya no le queda más remedio que aceptar la realidad: no la quieren en Barkley Cove. Se da cuenta de que, lejos de tener que preocuparse por los depredadores de la marisma, la verdadera amenaza concurre donde deambulan las personas. Y, aun así, pese a los prejuicios, todavía hay habitantes del pueblo que se fijan en ella y deciden transmitirle su amor. En lo más hondo de su ser, se aferra a esto. Y la Chica Salvaje destinada a vivir para siempre entre plantas, ríos y animales se acaba enamorando. 

A partir de aquí, la historia se retuerce como las raíces en la flora. A Kya se le presenta la oportunidad de volver a ser querida con Tate, quien la enseña a leer y la hace sentir aceptada. Pero es Chase Andrews el que logra mostrarle el camino de un futuro soñado al que ni siquiera ella pensaba que podía aspirar. Y una trágica noche de octubre de 1969, Andrews es hallado muerto y la Chica Salvaje es acusada de asesinato. 

No se confundan: esto no va de triángulos amorosos ni de clichés que puedan intuirse incluso antes de llegar al clímax. Va mucho más allá de eso. Y es tan mágico que resulta imposible hacerle justicia en unas pocas líneas. En el libro, el drama y el romance se combinan de una manera increíblemente ingeniosa con el misterio y el suspense, que permanecen hasta la última página de este. Lo mismo sucede con su sentido metafórico, que se aprecia hasta el final. Todo se puede interpretar de tantas formas diferentes que termina suponiendo una representación perfecta de la complejidad del ser humano. Es una pena que en nuestro país no se haya respetado el título original, puesto que “Where the Crawdads Sing” —Donde cantan los cangrejos en español— es una expresión que goza ya de un importante significado dentro de la historia. Una primera hoja en un árbol que va creciendo más y más mientras construye su imponente copa.

Pero, sin duda, el broche de oro lo pone la exquisita atmósfera que la acompaña. Owens plasma sobre el papel imágenes incluso más claras e imaginables que las que un artista podría pintar sobre el lienzo, y qué gustazo encontrarse con algo así de vez en cuando. Su pluma nos regala descripciones tan hermosas que resulta difícil creer que estemos ante su primer trabajo literario. ¿Dónde ha estado todo este tiempo? El pantano recoge todo el simbolismo de la narración, impregnándola de reflexiones científicas y filosóficas. Una prosa tan delicada y concisa como hinchada de detalles.

La chica salvaje es una lectura inquietante, que nos descubre a un alma gentil que entiende la naturaleza y se siente parte de ella. De ahí a que Kya sea uno de los personajes más interesantes que he leído nunca. Esta es una superviviente, una luchadora. Extremadamente inteligente aun sin estudios y con una enorme facilidad para ver las cosas de manera creativa. Además, en un momento en que nuestro mundo está experimentando las primeras consecuencias de la crisis climática, su relevancia es todavía mayor. Owens nos sitúa cincuenta años atrás para honrar a la Madre Tierra y recordarnos cómo nos la están arrebatando sin que nadie haga nada para evitarlo. El resultado es impresionante.

Del mismo modo que lo consiguió Lorde con su álbum Solar Power, este libro me transmite esa bonita e inigualable sensación de querer rodearme de verde, respirar hondo y, bajo la luz de las estrellas, maravillarme del mundo en el que vivo. No sé si la adaptación cinematográfica estará a la altura. Tampoco si la canción de Taylor Swift le hará justicia. Lo que sí que tengo claro es que, pese a la dificultad que ello conlleva, tienen la grandísima oportunidad de rendir homenaje al que es ya un clásico contemporáneo. Porque Delia Owens ha escrito una obra maestra. Y ya quiero volverla a leer.


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